sábado 24 de abril de 2010

Rudy y el cancer de las organizaciones



Todavía tengo en la retina el mate que clavó Rudy Fernández en la final olímpica de Pekín ante las mismísimas narices de Dwight Howard, el jugador más intimidador del baloncesto mundial. Esta y otras acciones frente a los profesionales de la selección estadounidense en un partido de tan gran repercusión, consiguieron que todo el mundo quedara deslumbrado con el talento, la explosividad, la juventud y la audacia de Rudy.

Pero curiosamente, el que más debería estarlo, no mostraba gran entusiasmo. Nate McMillan, asistente del seleccionador americano y próximo entrenador de Rudy en los Portland Trail Blazers, parecía más preocupado que ilusionado. Sus declaraciones tras el partido me hicieron pensar que le inquietaba la llegada de un novato tan osado y brillante como para amenazar el equilibrio de egos en su equipo y sus asentadas convicciones sobre la jerarquía que debía regirlo. ¡Donde casi todos veíamos una gozosa oportunidad él percibía una incómoda amenaza!

Tras unos principios prometedores en Portland, la llama de Rudy se fue extinguiendo poco a poco entre minutos interminables en el banquillo y falta de opciones cuando estaba en la cancha. Cuando al cabo de dos años en las eliminatorias por el título se lesiona la estrella del equipo y Rudy pasa a ser titular para sustituirle, parece que no es el mismo. Lo explica muy bien Ramón Trecet en su columna Que te pasa Rudy?Un jugador alegre, de físico brillante, emprendedor en sus acciones, con una gran confianza en sus posibilidades, siendo exactamente todo lo contrario en los minutos que está en cancha. Si hubiese que utilizar un calificativo, sería en mi opinión el de LÁNGUIDO.

Ocurre en el deporte, en las organizaciones y en la vida. Un mediocre al cargo es garantía segura de que todo lo que pueda brillar o destacar en su entorno acabe languideciendo frustrado y sin autoestima. El mediocre refuerza continuamente sus convicciones destrozando toda aquello que pudiese cuestionarlas. Definitivamente la mediocridad engendra mediocridad. El cáncer de organizaciones, equipos y sociedad.

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